
El auditorio Félix Menéndez de A Veiga / Vegadeo abría sus puertas a media mañana del 15 de octubre para acoger la novena edición del Día de la Mujer de Asturias 2026. Un evento que, como se sabe, se celebra el Día Internacional de las Mujeres de Asturias y que, en esta ocasión, coincide también con la Declaración del Año Internacional de las Mujeres Agricultoras.
Llegaba la galardonada de este año, Úrsula Villabrille Martínez, acompañada de su marido e hija, además de su suegro y un grupo de socias de la Asociación de Mujeres del Valledor (AMUVA), que preside. Los nervios también decidieron desplazarse hasta Veiga, aunque es mujer resolutiva donde las haya y dominó la situación perfectamente, atendiendo a los medios de comunicación desplazados (incluida entrevista para Radio Asturias, que realizó un programa en directo desde el mismo Auditorio) y recibiendo la ovación y el reconocimiento del público presente.

Comenzaba la mañana con la inauguración a cargo de la concejala de Bienestar Social, Mayores e Igualdad del concejo veigueño, Lupe García Miranda, que se manifestaba “llena de alegría” al celebrar en la comarca Oscos Eo “algo esencial para el presente y el futuro de nuestros territorios: la iniciativa, la creatividad y la capacidad emprendedora de las mujeres del mundo rural asturiano. Se trata de reconocer públicamente una realidad que a veces pasa desapercibida”. Y destacó la capacidad pionera de unas mujeres que “mantuvieron abiertas las casas y sostuvieron los vínculos comunitarios en los momentos de mayor emigración masculina. Cuidaron la tierra, gestionaron los recursos y mantuvieron vivas las tradiciones”.
Señalaba la concejala que “en esta parte de Asturias la mujer es ejemplo de resistencia y creatividad. Mujeres que en aldeas de apenas 20 habitantes han creado proyectos turísticos, talleres artesanos o pequeñas empresas agroalimentarias que hoy son referencia en toda la región. Mujeres que han demostrado que la innovación también nace en los lugares más pequeños, sin olvidar el cuidado, el acompañamiento y el mantenimiento de la red invisible que hace posible que la comunidad funcione”. Y si una palabra lo define, es la “perseverancia”.

García Miranda hizo hincapié en espacios como estos encuentros, que “permiten crear redes y reconocer públicamente una labor que no siempre ha tenido ni tiene el lugar que merece. Gracias a las que hacéis posible que nuestros pueblos sigan siendo lugares habitados y llenos de vida”, concluyó.
A continuación intervenía el presidente del CEDER Oscos Eo como grupo anfitrión, César Villabrille Quintana, que celebraba la coincidencia de apellido con la galardonada, a quien felicitaba. “Sin las mujeres nuestro medio rural no tendría presente y difícilmente futuro”, señalaba.
No se olvidaba tampoco de otra “herramienta fundamental en nuestros pueblos”, como son las ayudas Leader, de las que dijo que “representan una oportunidad para que más mujeres puedan emprender sin tener que abandonar el territorio. Esto supone invertir también en población, oportunidades y el futuro de los pueblos”. Aunque no olvidaba ciertos retos, como garantizar oportunidades laborales para las mujeres, la conciliación o que las mujeres puedan participar plenamente en las decisiones que afectan a sus comunidades. Y ahí señaló el “empeño” en esta línea desde el CEDER porque “garantizar las oportunidades laborales para las mujeres también es apostar por el futuro de nuestro medio rural”.

Del programa Leader también hablaba el presidente de la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader), Belarmino Fernández Fervienza, quien ponía en valor los 30 años de experiencia gestionando unos fondos que tienen como objetivo la diversificación de las zonas rurales. Ponía el acento en la capacidad “más innovadora” de la mujer, que antaño abandona el medio rural por la falta de perspectivas.
El presidente de Reader se confesaba “muy satisfecho” con la entrega de un galardón que “hoy premia la actividad primaria, agraria, que fue abandonada por el mundo rural asturiano hace muchos años, como son las cabras y las ovejas. Y ahora las consecuencias las vemos con los incendios y las políticas de desbroces”. Una actividad que, en palabras de Fernández Fervienza, se presta mucho a la innovación.

Rompió también una lanza a favor de la importancia de los fondos Leader de cara al nuevo periodo de programación sobre el que se está trabajando, con una clara defensa de la propia Reader, la Red Española de Desarrollo Rural, el Gobierno de Asturias, de España y los sindicatos: esta iniciativa demuestra “lo importante que es asentar población y la diversificación tiene que ser un objetivo clarísimo de defensa”. Sobre todo teniendo en cuenta unas zonas que “reúnen unas condiciones inmensas para la diversificación económica, el desarrollo sostenible, la innovación, la lucha contra el cambio climático. La base de esta defensa es que tenemos que tener fondos como los que tenemos en Asturias y tenemos que seguir teniéndolos”.
La directora de Sector Primario y Agroalimentación de Caja Rural de Asturias, Mónica Fernández Álvarez, destacó que el galardón Mujer Rural no solo distingue una trayectoria, “sino también una forma de ver la vida, con arraigo, con iniciativa, valentía y compromiso”. Puso el acento en que Úrsula Villabrille Martínez es una mujer que “escogió el medio rural no como una renuncia, sino como un medio de vida y un proyecto de futuro. Algo muy importante porque también debemos verlo como un lugar de oportunidades”.
“Esa capacidad de resistir, de resiliencia, explica buena parte de lo que hoy reconocemos. También una manera de convertir cada dificultad en aprendizaje y cada aprendizaje en una mejora”, señaló, junto con la combinación de la tradición (los mastines) con la innovación (los drones o los collares de geolocalización) en el proyecto de la galardonada. Junto a ello, puso en valor el trabajo al frente de la Asociación de Mujeres y el trabajo invisible que éstas llevan a cabo.

Por esta razón señaló el papel de Caja Rural en cuanto a acompañamiento como “entidad cooperativa, con presencia, conocimiento y voluntad de permanencia”. Concluyendo con un rotundo “queremos estar en el medio rural”.
Cerró el turno de intervenciones la vicepresidenta y consejera de Presidencia, Reto Demográfico, Igualdad y Turismo, Gimena Llamedo González, quien puso en valor “la red tejida por las mujeres durante tantos años”. “Mujeres que emprenden, innovan, participan en la comunidad, pero también aquellas que sostienen, cuidan y mantienen los vínculos que dan vida a nuestros pueblos, muchas veces sin que su aportación tuviera nombre ni reconocimiento, por eso es importante hacer actos como éste”, incidió.
Mujeres, en definitiva, que “siguen construyendo el medio rural”, como demuestran los números que recogen que siete de cada diez beneficiarias del Tique Rural son mujeres, o con una mayor incidencia también en las ayudas a autónomos.
Puso el acento también en el Estatuto de las Mujeres Rurales, una norma que “reconoce esta deuda económica y social”.

En su intervención la vicepresidenta, además de felicitar a la galardonada, hizo referencia a la historia de Úrsula Villabrille Martínez, que “representa la Asturias que queremos, aun estando en el epicentro del despoblamiento en Asturias”, con su apuesta por una raza autóctona, la producción en ecológico, “un camino nada fácil. Nunca renunciaste a tu proyecto”.
También destacó que la innovación y la tradición van de la mano: “Cuando hablamos de que el medio rural tiene que mantener sus raíces e innovar, no se me ocurre ningún ejemplo que lo represente mejor que tú”.
No olvidó en este perfil el compromiso con las mujeres de su comunidad, ejerciendo el liderazgo en la Asociación de Mujeres, porque “contribuyes a generar espacios de encuentro, de formación, de participación y sobre todo porque tejéis esa red que hay que tejer en el medio rural”. Y apuntó que “emprender en el medio rural no es solo sacar adelante un negocio, sino que contribuye también a mantener un territorio. Gracias por vuestro compromiso con nuestros pueblos”.
Entrega del galardón
El discurso de Úrsula Villabrille Martínez fue uno de los más emotivos que se recuerdan de estas nueve ediciones celebradas, al relatar “dos historias de dos mujeres valientes que son mis ídolos, ejemplos y referentes: Adelina y Elena”.
A modo de resumen, Adelina, nacida en los años 20, con dieciséis hijos y el marido de sereno en Madrid, que tuvo que afrontar la pérdida de éste, de cinco hijos, un yerno y su primer nieto. “Me pregunto cómo lo hizo”, reflexionaba.

En cuanto a su madre, Elena, nacida en los años 50 “cuando las cosas empezaban a cambiar un poquito. Con una familia con grandes valores, aprendió a no rendirse, con seis hijos. Fueron años duros pero felices. Perdió en pocos años a cinco hermanos, su sobrino y a su marido, cuando aún cambiaba los pañales a las dos más pequeñas”.
De ellas aprendió a “vivir por y para sus hijos, entregando toda su vida a la familia. Ésta es mi historia. Vengo de una familia que ha tenido que luchar mucho, muchas veces en silencio, sin hacer ruido y sin esperar nada a cambio. Hicieron lo que tenían que hacer con las herramientas que tenían, con trabajo, con fortaleza, pero con mucha bondad y mucho amor”.
Reconocía que su vida ha sido mucho más fácil y que “una parte de lo que soy se lo debo a ellas”. Y dedicó el galardón a todas las mujeres que hay detrás, tanto familiar como socialmente, aunque solo lleve el nombre de Úrsula.

En cuanto a las mujeres del Valledor, resaltó que “todas tienen una historia que merece ser contada. Mujeres que han trabajado toda su vida y no se han parado a pensar que aquello que hacían tenía un valor enorme. Que cuando la vida les puso una dificultad delante dijeron habrá que seguir, y siguieron”. A ellas les quiso recordar que “vuestro trabajo importa, vuestra historia importa, y vosotras importáis. Por eso aunque hoy sea mi nombre el que aparezca, no quiero sentir que este premio es solo mío, quiero compartirlo con todas las mujeres que me han enseñado que ser mujer rural no es solo vivir en un pueblo, es cuidar, trabajar, sostener, tomar decisiones, querer nuestra tierra, es levantarse cuando la vida te hace caer y también es la valentía de cambiar las cosas para que las que vengan detrás puedan tener una vida más fácil que la nuestra”.

Para concluir quiso “pedir una cosa a todas las mujeres que están aquí, cuando lleguéis a casa, pensad un momento en vuestra propia historia, en todo lo que habéis hecho, lo que habéis sacado adelante. Y, por una vez, en lugar de pensar en lo que os queda por hacer, reconoced todo lo que habéis conseguido y si hoy este homenaje sirve para que una sola mujer que está aquí, vuelva a casa sintiéndose un poco más orgullosa de su propia historia, habrá merecido la pena”.
También reivindicó que “nunca olvidemos que detrás de cada pueblo, de una casa, de una explotación, de cada familia, hay mujeres que han luchado, construido. Mujeres que merecen ser escuchadas, que merecen ser reconocidas, y mujeres que necesitan sentirse orgullosas de su historia. Los sueños de una persona nunca se construyen solos, siempre hay alguien que te escucha, te apoya y te anima. Gracias por dejarme soñar”, para concluir con un reconocimiento “al apoyo de su marido y de su hija, y de todas las mujeres de ayer, de hoy y de mañana. ¡Puxa Asturias!”.
Sororidad en estado puro.

Sembrar futuro rural: Agricultoras que siembran territorio
Éste es el título que acogía la mesa redonda que discurría a continuación y que se declaraba "emocionadas con las palabras de Úrsula”. Presentada por la periodista y locutora de radio Sonia Avellaneda Casielles, compartía escenario con Paula Cristóbal Caso, productora en la Güerta Monga, Eva Quiroga, coordinadora de Eo Alimenta, e Isabel Rubio, productora en Finca El Ribeiro.
La tres integrantes de la mesa relatan sus orígenes y acercamiento al medio rural y a sus proyectos agrícolas y de soberanía alimentaria, ya sea por razón de origen, por estudios, compromiso político o situación y oportunidad vital. Pero alrededor de proyectos bien articulados, con unos objetivos claros y un asentamiento en el territorio.

La experiencia “muy revolucionaria” de Paula como maestra en Cabrales, concejo natal de su madre, la llevó a emprender un proyecto que tiene mucho de personal y vital, “un espacio propio más acorde con lo que yo veía” y que comparte con su pareja. Un lugar de encuentro donde las compradoras aprenden de las productoras los ciclos de la naturaleza y el porqué de las producciones.
Isabel se hizo cargo de una explotación familiar que “era más hobby” y que con su llegada se profesionalizó al concebirlo como “una empresa”. En su caso aprovechó las ayudas de incorporación al campo y además de producir, llevan a cabo una tarea de difusión con las visitas a la finca. Su marido también se ha incorporado al proyecto y cuentan con trabajadores fijos.
En el caso de Eva, se incorpora al proyecto durante su propio periodo de formación académica, algo que le encajó al ver “la desconexión que había en el territorio entre oferta y demanda. De ahí surge la creación de la cooperativa Somos Terra y empieza todo el trabajo sobre cómo llevar la producción agroecológica a los comedores escolares.

Si la pandemia fue un punto de inflexión en muchos aspectos, en el caso de Eo Alimenta fue total, y la incorporación de Eva tenía como misión que la estrategia publicada no se quedara en un cajón. Se convierte así en una iniciativa pionera al ser interautonómica, abarcando la bioregión del Eo. Hoy en día trabajan con ocho colegios que tienen comedor propio.
Proyectos que sopesan la rentabilidad, condicionados también por los propios ciclos de la naturaleza y donde la diversificación de la producción tiene mucho peso, lo que implica mucho de planificación y de flexibilidad al mismo tiempo.
Coinciden también en la importancia de dar a conocer sus trabajos para poner en valor el producto y que detrás de todo ello se encuentra la soberanía alimentaria como el derecho a consumir alimentos saludables. “¿Quién quiere que le envenenen?”, reflexiona Paula Cristóbal. Una apuesta por la producción de cercanía que reporta oportunidades al territorio, con lo que ello supone, como es la fijación de población.
Aquí también se encuentra la importancia de la cercanía entre productoras y clientas, como es la venta en el propio lugar de producción o en los mercados tradicionales. En el caso de la Güerta Monga, que también venden en el mercáu de La Pola Siero, “es una decisión política el ocupar las plazas públicas para que haya una conexión entre la gente que vive en la villa con el campo gracias a que las campesinas vamos a la plaza y saben lo que pasa en la vida diaria de lo que comemos. Humanizar los procesos nos da fuerza para seguir trabajando”.

Porque esa relación directa es un valor añadido en este tipo de proyectos que, por eso precisamente, transforman el territorio. Como señalaba también Isabel Rubio es si la vecindad la miraba con escepticismo cuando profesionalizó la finca, ahora “en nuestro entorno la gente se ha animado a crear más explotaciones agrícolas al ver que funciona”. Aunque su piedra en el zapato es el transporte, “un punto que me duele porque no puedo transportar la fruta para Europa”.
Al hablar de las oportunidades que supone la diversificación uno de los puntos es contener en cierta manera riesgos con plantaciones pequeñas de productos muy diversos que aseguren la temporada, pero también la generación de trabajo continuo para no tener personas empleadas como temporeras, sino que se queden a vivir con la familia, contribuyendo a fijar población.
De ahí también la importancia del kilómetro cero y que los productos se consuman donde se producen para generar sinergias y una comunidad. Como señala la productora de la Güerta Monga, “creemos en los micromundos, pequeñas comunidades que sean sostenibles, reconocibles y asumibles”. Un punto en el que coincide la coordinadora de Eo Alimenta, en ese “impacto en la comunidad, con un tejido social que se basa en dos puntos: con la estrategia Eo Alimenta se creó la Asociación de Productoras y ese tejido de productoras agroecológicas. Y la Asociación es también de consumidoras, lo que se convierte en un lugar de esperanza y de acción conjunta de quien quiera apoyar a las productoras locales que cuidan del territorio y que haya ese abrazo conjunto de seguir sumando en un proyecto que defiende el derecho a una alimentación saludable”. Es decir, en resumen, que sean quienes deciden el futuro de cada territorio y pase a ser un sistema y no elementos aislados.
Unas decisiones que pasan por los consumidores, pero también por la Administración, que al fin y al cabo es la diseña y ejecuta las políticas alimentarias y permite ciertas prácticas que aplican en esa soberanía alimentaria reivindicada: “El derecho a decidir sobre las políticas agrarias que queremos, donde prime la producción local, la agroecología y el consumo de alimentos saludables y culturalmente apropiados. Muchas veces las consumidoras no tenemos ni opción y depende de las políticas que se hacen” recuerda Paula Cristóbal.
De hecho Eva Quiroga señalaba que desde la estrategia se realizó un estudio comparativo de precios de proveedores que “no garantizaba ni alimentos saludables y ni precios más justos, donde en muchos casos era más bajo el ecológico que el convencional”.
Una lanza más a favor de esta producción agroecológica y de cercanía frente a “un sistema irracional que ya no tiene sentido a nivel económico: Un producto ecológico que trabaja con la naturaleza y a favor de la naturaleza va a tener una resiliencia cuando tiene articulados los canales cortos de comercialización o si el manejo de la finca es regenerativo donde sus precios sean más competitivos. Pero si no hay políticas alimentarias que defiendan a estos pequeños agricultores y que tengan que competir con el Mercosur, no hay precios que puedan competir”.

Destacaron lo “esencial” de “una incidencia política y que haya políticas alimentarias que puedan hacer el cambio. La estrategia alimentaria es el fin último, por eso se constituyó el Consejo Alimentario, para poder recoger la voz de las productoras y que realmente a través de ese Consejo en el que están los conceyos se pueda trasladar al Principado, a la Xunta de Galicia, para que pueda haber ese cambio”, aterrizado en esta bioregión que supone el Eo. Sin olvidar el ejemplo en la compra pública que deberían dar las administraciones locales.
Cerraba esta mesa redonda Paula Cristóbal parafraseando a la investigadora Leire Milikua Larramendi en el libro ‘Sobre la tierra, bajo la sombra’ que revisa la situación de las mujeres campesinas, a las que “les atraviesan tres ejes de opresión: por ser mujeres en una sociedad heteropatriarcal; por ser rurales en una sociedad urbanocentrista; y por ser campesinas y producir alimentos en una sociedad capitalista”.
Clausura
Felicitaba el consejero de Medio Rural y Políticas Agrarias, Marcelino Marcos Líndez, a Úrsula Villabrille Martínez por “este merecido reconocimiento” en su alocución que clausuraba la jornada de celebración. “Cuando realmente se reconoce una trayectoria como la de Úrsula que se fundamenta en esfuerzo, en compromiso, en dedicación, lo que reconocemos es una forma de vida. De la misma manera que es oportuno reconocer a todas y cada una de las candidatas porque todas reflejan una vida con sus virtudes, aciertos, luces y sombras, pero una vida de sacrificio y tesón y probablemente todas y cada una cumplirían los requisitos para un reconocimiento”.
Marcos Líndez agradecía también a la Red Asturiana de Desarrollo Rural “haber hecho posible la organización de este acto y trasladarnos experiencias como la de la mesa redonda, con un título que refleja una realidad que debemos reconocer, y es que las mujeres rurales sois protagonistas de la transformación de Asturias con vuestro trabajo, capacidad de emprendimiento, apuesta por la innovación y esfuerzo. Contribuís a la construcción no solo del presente, sino del futuro”.

“Un reconocimiento que debe ir acompañado de oportunidades reales. No podemos hablar de medio rural con futuro si las mujeres encuentran dificultades para incorporarse al sector agrario, acceder a la titularidad de una explotación, para emprender o para participar en los espacios donde se toman decisiones”, añadió. Algo que debe traducirse en medidas concretas y por lo que aseguró que trabaja su gobierno, como ocurre tanto con el Estatuto de las Mujeres Rurales como con el Pacto Rural.
“Combatir la despoblación exige crear oportunidades, afrontar el envejecimiento requiere facilitar la incorporación de nuevas generaciones y corregir la masculinización del territorio. Pasa por garantizar que las mujeres podáis acceder a los recursos y emprender y asumir responsabilidades en igualdad de condiciones. Este compromiso cuenta con instrumentos fundamentales como es el Estatuto de las Mujeres Rurales de Asturias”, incidió.
El consejero también señaló el papel fundamental que desempeñan los Grupos de Acción Local, “respaldando iniciativas agrarias, agroalimentarias y empresariales que contribuyen a diversificar la economía rural y a favorecer el emprendimiento femenino. Ese compromiso alcanza también al sector pesquero”, contribuyendo a la creación de la asociación de mujeres de la pesca MAREA y la incorporación de puntos adicionales en el baremo para facilitar el acceso de las mujeres al marisqueo profesional del percebe, como ejemplo. Actuaciones que, afirmó, “responden a una misma convicción: que las mujeres puedan incorporarse, quedarse, emprender y progresar en el medio rural con las mismas oportunidades”.

Porque “la igualdad no se consigue únicamente aprobando leyes o firmando acuerdos, se consigue cuando las medidas llegan a la vida cotidiana de las personas”. Habló de un medio rural donde “las mujeres podáis desarrollar vuestro talento sin renunciar a vuestras aspiraciones”, algo que no se produce “por generación espontánea”. Y recordó también ese apuesta que coloca a Asturias a la cabeza de las regiones europeas.
Para concluir señaló que “no deberíamos olvidar: defender a las mujeres rurales no es solamente defender vuestro trabajo, es garantizar vuestros derechos, vuestra autonomía económica y vuestra capacidad para decidir sobre vuestro futuro”. De ahí su agradecimiento a las mujeres rurales por “su contribución por el futuro medio rural de Asturias. Que vivir y trabajar en el medio rural sea una oportunidad de futuro porque apoyar a las mujeres rurales es apoyar el empleo, el relevo generacional y la actividad económica. Apostar por el futuro de nuestros pueblos es apostar por Asturias”, concluyó.
La jornada de celebración finalizó con la actuación musical de Carmelita Trío, un combo compuesto por las músicas Vero Rubio, Carmen Fernández y Ángela Lanza, que amenizaron con un repertorio que realizó un recorrido de piezas desde lo más local hasta lo más universal.
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Fuente: Red Asturiana de Desarrollo Rural


